23 de noviembre de 2008

Cafeína madness

Ya había sufrido en mi sistema nervioso el efecto psicoactivo de aquel horrible cocktail de cafeína y endorfinas. Y quería más.

A las siete de la tarde era de noche, y yo estaba en la calle con un vaso de plástico lleno de café solo; recién salido de la máquina. Había quedado con Bob, que llegó poco después de que me terminara el vaso. Le saludé amablemente. Me dijo que me apestaba la boca a café. Le conté mi depravado plan, a lo que respondió que no pensaba llevarme al hospital cuando me diera una taquicardia.

Todo perfecto entonces. Da gusto encontrarte con gente así. No soporto a los que se creen con autoridad para educarme.

Dimos comienzo a una ruta de bar en bar, degustando el café que cada uno me ofrecía. Mientras tanto Bob me miraba atónito; o soltaba una carcajada cuando metía el dedo en los sobrecitos de azúcar y después me lo llevaba a la boca. Lo que fuera que tenía que llegar ya estaba llegando.

Me temblaban las manos. Notaba el corazón acelerado. Me sentía con fuerzas para dar un golpe sobre una mesa y partirla en dos. Incluso sentía la polla más larga. O quizá fue me empalmé mirando a la novia de un tío que se había parado a hablar con Bob. Estaba buenísima. Escuchaba a su coño hablarme —¿estaba diciendo “fuck me, fuck me”?—. Tal vez no era más que una alucinación del café. En mi cabeza estaba James Brown interpretando su I feel good. Esbocé una sonrisa de enfermo mental.

Y cuando estaba en lo mejor de todo algo ocurrió —para bien de mi corazón, y para frustración de mis tendencias autodestructivas—. Los putos bares ya no servían café. Fui de un lado a otro, volví sobre mis pasos, y nada. Que si ya habían desconectado las máquinas, que si ya las habían limpiado, que si ya no les iba a hacer poner todo en marcha de nuevo para un solo café, que si nadie —en su sano juicio— se pedía un café a esas horas, que si pollas en vinagre.

Deambulé en busca de cafeína hasta que acabé en un taburete del New Yorker. Dejé caer mi pecho, mis brazos y mi cabeza sobre la barra, agonizando por un café. Menuda puta mierda. ¿Dónde están las drogas cuando uno las necesita? Encajé la derrota y me pedí una cerveza. Después otra. Después otra. La sensación de gatillazo, el bajón de la cafeína y la entrada en escena del alcohol me dejaron hecho mierda. Las doce horas de sueño pendientes que estaba ignorando aparecieron de pronto reclamando su lugar y adueñándose de mí.

Entonces la música, como otras tantas veces, trajo la solución. Llegaron hasta mis oídos los alegres acordes de Viva Las Vegas. ¿Era el casino la solución que necesitaba? Luces brillantes, sonidos, colores, estímulos... Podría valer. Además, en aquellos momentos encontraba un parecido asombroso entre las palabras cafeína y casino. Se lo dije a Bob, que empezó a preocuparse y a mirarme raro.

14 comentarios:

maloles dijo...

jajajaja:)

Samuel Sayer dijo...

¿Y cuál es ése rollo?

Estoy degenerando.

beu ~ dijo...

me ha encantado jajajaa espero la continuación

personalmente no me gusta el café, pero me estoy volviendo una adicta al té (no sé que es peor)

belalugosisdead dijo...

leonard Cohen es el que canta el tema de Los soprano? yo me referia más al Cohen de Suzanne

fag dijo...

fijo que el coño de la tía te decía fuck me fuck me.
pero fijo.

el ciego del café es tan bonito...


unsaludo

Lara tiene alas dijo...

Necesito un nuevo pantallazo. Necesito más cafeina.
Necesito la segunda parte.
Necesito descubrir el The End.

Un abrazo, vaquero.

Lara tiene alas

Meme,, dijo...

Te alegrara q lo pregunte,
pero no me respondes ¬¬

Samuel Sayer dijo...

Hoy mi profesor de filosofía me ha mandado a la cafetería a por un café en plena clase, me acordé de ti.

Es una proeza llevar un café sin derramar una gota, desde la cafetería hasta la primera planta tercera puerta a la izquierda.

Mj dijo...

Ya. Y no tiene naaaaada que ver que fuera lunes después de un finde en el que doy por hecho que has salido, no?? La culpa la tiene la cafeína, si, si, si, si...

Meryone dijo...

yo reduje mi consumo de café tras una taquicardia de esas de "ahora voy y me muero y me está bien por psicópata" allá por primero

eso sí, yo tenía cafetera en mi habitación

(son muy útiles porque, además, puedes sólo calentar agua y hacer milagros. aunque es mejor todavía un calientaleches)

beso

Cacahuete dijo...

Coño!

Katrina Van Dassos dijo...

Taquicaaaaaaaaaaaaardia!

El siguiente paso es redbull con whisky.

Vamos, ya.

Tara dijo...

Y Bob????
qué hace la voz de la conciencia de un adicto a la cafeina????
su visión también ha de estar distorsionada, no?

Mj dijo...

jajaja, no te lo tomes a mal, hombrepordios!!! Si yo soy ( era ) la primera a la que le costaba la vida levantarse para ir a clase. Y con el tiempo aprendí de mi misma que no puedo estar más de dos horas concentrada, por lo que dejé de ir a más de dos horas seguidas. Y luego dejé de ir a las clases que eran entre la 1 y las 3 porque siempre me ha parecido una crueldad hacer eso.

Gracias por lo del relato, de verdad :) Tenía otro blog en el que llevaba más de un año de relatos, pero msn decidió que matarlo era una buena opción :(