2 de noviembre de 2008

De cómo sobreviví una semana con ochenta céntimos

—Amigo, la cosa está jodida.

La crisis económica salía de los periódicos para abofetearme fuerte en la cara. Le di la vuelta a mis bolsillos y, aparte de algunas pelusas, sólo cayeron 10'80 euros. Un billete de 5, una moneda de 2, tres de 1, una de 50 céntimos, otra de 20 y otra de 10. No hay más. Por mucho que lo sumes de distintas maneras las putas matemáticas están ahí con sus propiedades para joderte. Y siempre suma lo mismo.

La semana no hacía más que empezar, y yo tenía que aguantar así hasta el sábado. Iba a estar muy jodido, pero si sabía ayunar y buscar en la basura podía conseguir salir de esa situación con mi culo sano y salvo. Ahí es donde los grandes sobresalen. Cuando el camino se pone duro, los duros hacen camino; recordé.

Desempolvé la calculadora. ¿Cómo había llegado yo ahí? Unas horas atrás todo pintaba bien. Pero tuve que ir a la librería a comprar algunos libros que necesitaba. Cuando salí de ahí ya había volado mi dinero. Creo que habría corrido mejor suerte paseando con mis billetes en la mano por cualquier barrio chungo. ¿Qué se me venía encima? A lo que me quedaba aún le tenía que restar cinco euros que debía, y otros cinco euros para recargar mi bonobús, que estaba en las últimas. Las cuentas arrojaban la áspera verdad; me quedaban ochenta céntimos. ¿Qué gastos tenía que afrontar? La residencia ya había recibido mi mensualidad del mes de octubre, lo que me proporcionaba comida y techo. El milagro era posible. Sólo había que vivir de la caridad de la residencia. Por supuesto, cualquier lujo, por mínimo que fuera, quedaba fuera de mi alcance.

El martes llegaba con 2 grados en los termómetros mientras yo me amoldaba como podía a mi escuálida rutina; de la residencia a la universidad, de la universidad a la residencia. Nada más. Uno no lo aprecia cuando tiene dinero, pero gastar dinero proporciona felicidad y entretenimiento. Ahora todo eso pasaba por delante de mí sin que pudiera tocarlo. La ciudad ofrece un abanico infinito de posibilidades, sí, pero casi todas implican gastar dinero. Me moría de hambre mirando el reloj hasta que llegaba la hora de comer. A veces dormir era una buena iniciativa para combatir el hambre. Por otra parte la comida me sabía mejor que nunca. No importaba de lo que se tratara. Yo lo devoraba como si fuera una delicia. Y os aseguro que la comida en la residencia no suele ser una delicia.

Los días pasaban lentos. El equilibrio en el trapecio era débil, pero seguía siendo equilibrio y no caída. El jueves todo cambió. A peor, claro. Yo salía a las dos, y tenía que entrar de nuevo a las cuatro. Podía comer allí, pero costaba dinero. Tenía que volver a la residencia a suplicar por un plato lleno. El día estaba lluvioso, y los autobuses pasarían llenísimos de gente y no pararían. Sólo me quedaban mis piernas. Salí a correr. Corrí todo lo rápido que podía. Corrí hasta que los músculos me ardían y mis venas bombeaban ácido de batería. Empezó a llover. Joder, ¿tuvo que pasar Chéjov por esto? Corrí más rápido. Empezó a llover más fuerte. A partir de ahí todo lo que recuerdo son imágenes borrosas.

Cuatro kilómetros después llegué a la residencia empapado y calado hasta los huesos. Pero no me importaba, yo sólo quería mi plato de comida caliente; comérmelo rápido, cambiarme de ropa rápido y volver a clase rápido. Parece que era mucho pedir. Ese día se celebraba una especie de barbacoa, así que la comida había sido sustituída por eso. Lo único que había para comer era carne. Y había que hacer una larga cola. Aquello no era para mí. Y definitivamente ése no era mi día.

Subí al cuarto, me quité la ropa y la tendí por donde pude. Mis calcetines goteaban sobre la papelera. Por suerte en el ropero había ropa seca y unas barritas energéticas caducadas. Aquello cubrió mis necesidades provisionalmente. A las cuatro, en el camino entre la parada de autobús y la facultad me volvió a llover encima. Para poder soportar la clase sin consumirme por dentro gasté 30 céntimos en una barrita de chocolate. Eso dejaba mi bolsillo con 50 céntimos. Por la noche me dormí con los mocos goteando y sabiendo que ya casi había llegado al final.

Sin embargo, con frecuencia el final es lo más difícil. La última prueba consistía en salir el viernes por la noche con cincuenta céntimos. De modo que me abrigué todo lo que pude y salí a conquistar el polo norte. Iba de sitio en sitio, oyendo a la gente masticar. Ese ruido se metía en mis oídos y me carcomía la salud mental. Tampoco podía emborracharme para olvidarme del hambre, costaba dinero. Hacía un frío del carajo. El vapor se materializaba al salir por mi boca. Yo creía que era la vida que se me escapaba por momentos. A cierta hora perdida de la noche decidí declararme ganador. Paré en una tienda que estaba abierta y me gasté mis últimos cincuenta céntimos en unas chucherías. Me las comí de vuelta a la residencia.

Eran las doce y pico, era sábado. Había una rata muerta cerca de la puerta de mi habitación. No me importaba demasiado. Yo ya había salido del vertedero.

10 comentarios:

maloles dijo...

uff.. vaya hambre, pobret!:S
Pero ahora n ote sientes... ¿más fuerte o algo?
Oye... y la gente no te ve necesitado y se preocupa? Vaya gente!


Muas!

fag dijo...

muy bueno, aunque imagino que a tí no haría puta gracia.
preguntarse si chejov habría pasado por la misma situación corriendo como un congoleño delante de un león tiene su mérito, y más aún si cabe, lo tiene el hecho de PAGAR los 5 euros que debías cuando te quedabas con 0'80 ct.

salut!

por cierto, me gusta el nombre de robert ;)

beu ~ dijo...

ahora mismo tengo unos 20centimos, asiq te entiendo XD

Meryone dijo...

cómo no conocía esa canción?

gracias, gracias, gracias!!!

ochenta céntimos? yo también viví en una residencia y sí jodía las veces que no tenía un puto duro los días que tenía que quedarme a comer en la facultad. pero creo que nunca llegué a esos extremos

esta semana pinta bien otra vez, no?

un beso

Vanity dijo...

Bukowski etaría orgulloso de tí, por 50cnts casi tienes un bric de sangría. Has pensado en robar? qué tal poner publicidad de Google?, por cierto, te añado a mis favs, tu rollo me gusta. Espero que ganes más dinero pronto, te queda traficar con drogas también.

fag dijo...

yeah, i know it, thanks
pero no era una "respuesta" del todo.
era porque imaginaba que lo diría más peña -así ha sido- con lo que ya lo dejaba para los demás.
siempre respondo en blogs de quien me deja el comentario.

salut

Mj dijo...

Consejos de Mj para una vida más fácil:

- Viviendo como vives entre dos supermercados del cortinglés, ese monumento al capitalismo que ofrece siempre azafatas con muestras de comida, pasas hambre porque quieres.

- En épocas de bonanza económica, te recomiendo que compres algunas bolsas de pipas y las guardes bajo llave. Alimentar no alimentan, pero quitan el hambre.

- Ante la duda, vete a la entrada del hospital y espera allí el bus, porque pasan vacíos y tardarás 5 min más e irás sentado.

- Si tienes que volver corriendo ( en serio, cómo has podido!?), el trayecto más corto es por el puente peatonal, tanto a la ida como a la vuelta.

- Con una sonrisa de medio lado, en casi cualquier bar les dices un ¿qué peudes ofrecerme por esto? y muestras tu dinero y, depende de tu grado de mirada adorable, puede salirte bien la jugada. Método nunac probado en esta ciudad, sí en diversas capitales europeas, 100% efectividad.

Tara dijo...

yo miro a los niñatos de la universidad donde voy a pasearme a diario y te juro que no les veo resistiendo una semana con 80 céntimos...
y eso de ir corriendo a casa bajo el diluvio universal, menos todavía.
confiesa, toda esa penitencia no tendrá otra motivación que no sólo la económica?

Vanity dijo...

Gracias por tu extenso comentario. Personalmente, me encanta tener publicidad en el blog, y hablar sobre gordas no depiladas mientras se anuncia una página de contactos. Forma parte de la grandeza de la blogosfera.Lo de la prostitución de mierda, es cierto, por eso me gusta más todavía.
Totalmente de acuerdo, la pasta suaviza las -vertir.

Odio la profesionalidad convencional

Vanity dijo...

aqui tienes flurp flurp, uno de los mitos de la blogosfera:

http://vanitydust.blogspot.com/2008/07/flurp-flurp.html